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nadavabien

Mendrugo: Pedazo de pan duro o desechado, y especialmente el sobrante que se suele dar a los mendigos. Hombre rudo, tonto, zoquete.

16 Diciembre 2006

DIARIO DE UN MENDRUGO (DIARIO ALTERNATIVO A TRASTORNO DE IDENTIDAD DISOCIATIVO. CASO 1) Capítulo 5

Trastorno de Identidad Disociativo. Caso 1.2

Primera entrevista. Día 4 de febrero de 2.006
Despacho profesional; 10:00 a.m.

Puntualidad anglosajona. Impecablemente vestido y ataviado; oliendo a algo francamente caro, vuelve a la consulta Sergio del Olmo Seco.

- Buenos días, Sergio.
- Buenos días, Gerardo.
- Pensé que no vendrías.
- ¿Por qué? Un caballero siempre acude a sus citas.
- Veo que sí. Pensé que no vendrías, pues creo que no te ocurre nada.
- Te equivocas. Además; ayer me fui sin pagar tus honorarios y no me gustan las trampas pequeñas.
- Bien. Tú dirás.
- Dime tú.
- No empecemos, Sergio. Se supone que voluntariamente vienes a mi consulta y se supone que es por algo.
- Ya te lo dije. Sólo quería conocerte.
- Se supone también que el que debe de conocerte soy yo; así que no me líes.
- Vaaale. ¿Qué quieres saber de mí?
- Quiero saber a qué has venido y no quiero que me digas que sólo a conocerme.
- Entonces, espera. Tendré que inventarme un motivo…… A ver……. ¿Es un motivo ser feliz?
- No; eso no cuela.
- Entonces………..
- Un momento… sí quiero saber una cosa. ¿Cómo es que tienes el mismo número de teléfono que yo? ¿Estás seguro?
- Si; creo que te lo di bien. 677.577.119.
- Eso es imposible. ¿Movistar?
- Claro.
- ¿Puedo llamarte desde mi móvil?
- Sí, hazlo.
- Vale. Pon el tuyo sobre la mesa. No quiero trucos.
- Ok.

Pulsación del número, tiempo de espera… y ……. ¡joder! Sonaba el teléfono de Sergio.

- Esto es muy extraño. A ver, marca tú el mismo.
- Vale.

Pulsación del número y…… efectivamente, sonaba el de Gerardo, quien dijo:

- Parece que no te extraña.
- Pues no.
- ¡Pero, coño, eso significa que cada vez que hablo con alguien, tú escuchas mis conversaciones!
- ¡Eh! No te equivoques. A mí cuando me llaman hablo y punto.
- A ver; me estás volviendo loco. ¿Si me llama mi madre y hablo con ella, tú a la vez estás hablando con mi madre?
- Pues… no sé. ¿Quién es tu madre?
- Amalia Melero.
- ¡Ah!, sí, conozco a esa señora. A veces me llama y charlamos.
- ¡¿Que conoces a mi madre?!
- Oye; que no sabía que era tu madre, y no pienses cosas raras, sólo hablamos de trivialidades. Es una buena mujer; piadosa, inteligente, abnegada… Una mujer digna de confianza. Enhorabuena.
- Gracias, pero no lo entiendo. Y cuando hablo con mi mujer ¿también escuchas?
- Oye; que yo no escucho; a mi me llaman muchas personas y yo hablo con ellas.
- Candi Pertíñez. ¿La conoces?
- Sí. Es cordobesa como yo. ¿Candi es tu mujer? No lo sabía. Nunca hablamos de ti.
- ¿Y con ella de qué hablas?
- Eso no es asunto tuyo.
- ¿Cómo que no es asunto mío?
- No te cabrees. Hablamos de……… de muchas cosas.
- ¿De qué cosas?
- De su soledad, de su nido vacío, de su trabajo y de su amiga Paola. Está pachucha, creo.
- ¿Y de qué más?
- ¿Qué estas pensando? Soy un caballero.
- Me parece que eres un liante y que me conoces mejor de lo que dices conocerme. Debes de tener toda mi agenda en tu agenda.
- Pues no sé. De verdad que no lo sé. Yo no guardo números en mi agenda. Sólo lo uso para responder a quien me llama.
- ¡Venga, tío! Te estás quedando conmigo y me estás cabreando seriamente.
- Pues no era mi intención. Si quieres me voy.
- ¡No!, de ninguna manera. Esto me lo tienes que explicar. ¿Cada vez que me llaman te están llamando a ti también?
- ¡Y yo qué sé!
- En fin…. ¿desde cuándo tienes ese móvil?
- Desde que nací.
- ………………… O sea; desde hace dos lunas.
- No, desde hace tres.
- Eso me alivia……… ¡No! Oye….. ¿conoces a…?
- ¿A quién?

(Mirada fija, rubor facial, sudor en la frente, palpitación visible).

- ¡Va, déjalo!… es igual.
- ¿A quién?
- No, a nadie. Luego llamaré a telefónica para resolver el problema. ¡Esto es indignante!
- Bueno, haz lo que quieras. Que, si tú quieres, yo cambio el número y ya está.
- Bueno, ya veremos.
- Vale, como quieras.
- De verdad. ¿sólo tienes el teléfono desde hace tres lunas?
- Sí, desde hace tres lunas y tres atardeceres. Los muertos no hablan por teléfono.

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jadeblanco

jadeblanco dijo

me recuerda al hombre duplicado.

17 Diciembre 2006 | 10:21 PM

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Sobre mí

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Gustavo Cabrera Coronas, de padre Médico – Militar y madre Doctora en Filosofía y Letras. Nace en Melilla en 1.967, siendo el tercero de siete hermanos. Inicia sus estudios en los Hermanos Maristas de Granada pasando, posteriormente, a la Facultad de Psicología, terminando en 1.992 y donde conoce a la que es su pilar más inquebrantable: MARIBEL. Recuerda desde los cinco años sus paradas en el “TAXI” y en el “QUINTANA” – bares de su LOJA – para que su hermana MARTA evacuara, mientras la familia daba cuenta de los tejeringos y el café; de ahí que en 1.995 se estableciese en esta localidad y pusiese su clínica especializada en Psicología Clínica e Infantil junto a su esposa. Para Gustavo es esta su primera andadura literaria; no así para el resto de la familia donde destaca el menor de los hermanos, ALVARO, el cual ya ha recibido relevantes premios literarios. Esperamos que él le ande a la zaga y que les guste este relato. JMFCR
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