DIARIO DE UN MENDRUGO. (DIARIO ALTERNATIVO A TRASTORNO DE IDENTIDAD DISOCIATIVO. CASO 1) Capítulo 7
Trastorno de Identidad Disociativo. Caso 1.3
Conversación telefónica desde despacho profesional.
Día 8 de febrero de 2.006. 11:15 a.m.
Ante la escurridiza mirada de Rosa, una cliente que da juego como para escribir las Episodios Nacionales, contando cosas de su amiga Gloria, una belleza que bien podría abrir el próximo número de VOGE; comienza a parpadear el leed del móvil.
Si hay algún momento de la semana en que jode ser interrumpido por una llamada es cuando está Rosa en la consulta.
- Perdona, Rosa.
- Umm.
- A ver……..
- ¡Hostia tía; éste si es un punto! ¡Mira!
- ¡Eh…! Pero si es tu número.
- Luego te explico.
- Ummmm vale.
- ¿Sí, dígame?
- ¿Gerardo?
- Dime, Sergio.
- ¿Cómo sabes que soy yo?
- Coño, salvo que Nestlé haya decidido regalar un móvil con mi número en cada Danone, que yo sepa, el único que llama desde mi número eres tú.
- ¡Ah; es cierto, se me había olvidado!
- Dime Sergio.
- Por cierto, ¿todavía no lo has arreglado?
- No; no he tenido tiempo. Oye, dile a mi maddrre cuando te llame que el sábado me va a tener que explicar alguna cosilla.
- Acabo de estar con ella.
- Vale, no te cachondees.
Seguramente, Rosa había decidido echarse hacia atrás en la silla con cara de “¿qué coño pasa aquí?”, en esa postura sexy que tanto le gusta a Gerardo: manos abrochadas entre los muslos, hombros encontrándose ejerciendo de wonderbra, cuello hacia atrás, y tripita al aire (realmente sugerente).
- Tú dirás.
- Es para pedir cita.
- ¿No te di?
- No
- Creo que sí.
- No. ¿No te acuerdas que saliste precipitadamente del despacho para atender una llamada? Te fuiste a otra habitación para tener intimidad. Esperé veinte minutos y al ver que la cosa se prolongaba me fui.
- ¿¡Eh ¡?
- Sí; por cierto, me volví a ir sin pagar. ¿Cuánto te debo ya?
- No lo sé. Nuestras sesiones son tan raras. Ya lo pensaré.
- Vale; tú sabrás como llevas tus cuentas.
- No las llevo.
- Eso es cosa tuya. Bueno; ¿qué día puedo ir a verte? ¿Podría ser este sábado por la mañana?
- El sábado no me gusta trabajar.
- Es que paso por allí y me viene de camino.
- ¿Tienes familia por aquí? supongo.
- No; no tengo familia. Vivo solo.
- ¿Solo?
En ese momento; y seguramente viendo que Rosa empezaba a mirar con odio los ocho espejos direccionales del despacho, Gerardo la invita con la mirada a escuchar la conversación. Sé que eso se carga todo el código deontológico, pero también sé que iba a ser terapéutico para Rosa, que además estaba inquieta. Así que Gerardo, puso el manos libres.
- ¿No tienes a nadie?
- Yo no he dicho eso. Solo he dicho que vivo solo y que no tengo familia. No tendrás a nadie ahí ¿verdad?
- Pues la verdad es que si. Estoy con una chica.
- ¿Es guapa?
- Muy guapa. Es …….. diferente; … muy diferente. ¿Por qué lo preguntas?
- Porque me he dado cuenta de que has conectado el manos libres y quería saber con quién iba a compartir esta conversación.
- Si quieres, lo quito.
- No, tus razones tendrás para hacerlo y si es una mujer hermosa la que escucha, no me importa. Además, soy transparente.
- Entonces, si no te importa, quiero que escuche.
- Me parece bien.
Rosa mostraba seguramente curiosidad y Gerardo entre sonrisas le dijo con un gesto de la mano: “espera, escucha”.
- ¿Y por qué estás solo?
- No me importa la soledad, hasta me gusta.
- Dicen que es muy triste.
- Depende de como gestiones la soledad.
- A ver, explícanos.
- Adoro la soledad. De ella he aprendido a reclamarme como era, como había olvidado ser y de ella he aprendido a ser quien soy. Adoro a los que en soledad hacen muecas frente al espejo y se ríen de quienes son ante los demás. Adoro a los que en soledad vuelven a la época en que fueron vírgenes y sonríen como cuando no había dolor. Adoro a los que en soledad se asoman a la azotea y se fugan una noche con la profesora de ciencias. Adoro a los que en soledad, convierten la realidad en su obra maestra. Adoro a los que en soledad escuchan el silencio de la soledad. Adoro a los que en soledad lloran a oscuras por no haberse atrevido. Adoro a los que en soledad se suben al escenario y lanzan sus canciones preferidas a un público imaginado.
- Veo que realmente te gusta la soledad.
- Sí, he aprendido a compartir mi soledad con quien está solo atrapado en sus pecados; a disfrutar la soledad para prepararme mi cena favorita y disfrutarla con un fantasma. En mi soledad, ordeno mi biografía, mis fotos y mis cartas de amor. En mi soledad, saco a bailar a la reina del baile y ella acepta refugiarse en mis brazos. En mi soledad, no hay mentiras, sólo esencia, quien soy, no quien debo.
- ¿Y con quién compartes eso?
- Ahora contigo y con…. ¿Cómo me dijiste que se llamaba?
- Rosa, … . se llama Rosa.
- Pues eso, contigo y con Rosa.
- Entonces, ¿nos vemos el sábado?
- ¿A las once?
- Bien, a las once.
- Nos vemos pues.
- Nos vemos……… un beso, Rosa.

The Apprentice
Escribe un comentario