DIARIO DE UN MENDRUGO (DIARIO ALTERNATIVO A TRASTORNO DE IDENTIDAD DISOCIATIVO. CASO 1). Capítulo 8
Trastorno de Identidad Disociativo. Caso 1.4
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Día 9 de febrero de 2.006.11:00 p.m.
En mitad de un debate acerca de la conveniencia, o no, de una reconciliación matrimonial con el trastorno límite de personalidad favorito de Gerardo (todo un actor), suena el portero automático y a los treinta segundos el timbre de la puerta.
- Perdona, Jesús; no sé quién puede ser a estas horas.
- No te preocupes. Abre.
En el quicio de la puerta.
- Buenas noches, Sergio. ¿Qué haces aquí a estas horas?
- Pasaba por aquí, vi luz arriba…… y me pregunté ¿a estas horas todavía está ahí?
- Pues ya ves, Sergio; aquí estoy.
- ¿Ocupado?
- Sí, estoy con un cliente.
- ¿Te queda mucho?
- Ni idea; con Jesús nunca se sabe. Podemos salir dentro de diez minutos o a las dos de la madrugada.
- ¿Puedo pasar?
- ¿Estás bien?
- Si, ¿puedo pasar?
- Si. Enciéndete la tele, coge una revista,…. Espera que te traigo un cenicero por si quieres fumar.
- Muy amable.
- Intentaré terminar pronto.
Gerardo se preguntaba qué hacía aquí. Tenían cita el sábado. No lo entendía pero le intrigaba. Intentará largar a Jesús. Tenía que enviar el correo de cada noche, que todavía no había empezado, pero le pudo la curiosidad de qué podía querer Sergio.
- Toma, el cenicero.
- Gracias.
- Si ves que no termino y te aburres, sólo tienes que tirar de la puerta.
- De acuerdo.
Regresó al despacho a rematar con Jesús. Puso en práctica todas las habilidades aprendidas para la terminación de entrevistas. Ninguna funciona con un trastorno límite; así que nos dieron la una de la madrugada. Gerardo suponía que Sergio se habría quedado dormido en la sala de espera; tenía que enviar como sea el correo y estaba muy cansado.
- Sergio.
- ¿Ya?
- Perdona, te he hecho esperar demasiado.
- No. No te preocupes. Tengo toda la vida por delante. Las prisas ya no me acompañan.
- Vale; pasa si quieres.
- ¿Por qué trabajas tanto?
- Porque soy idiota. Y tú, ¿qué haces aquí? ¿Te encuentras bien?
- Mejor que nunca.
- ¿Y para eso vienes desde Córdoba a Loja?
- Quería que lo supieses.
- ¿Que estás bien?
- Sí.
- Pero eso ya lo sé. Te encargas de decírmelo cada día.
- Oye, ¿qué dijo Rosa de mí?
- Le gustó lo que dijiste sobre la soledad. Por cierto, perdona, pero estaba chunga con ese tema y pensé que alguien tan “feliz” como tú le podía aportar algo más brillante que este humilde psicólogo pueblerino. Por eso fue lo del manos libres.
- Bueno; si hizo efecto…
- Lo hizo; gracias.
- Dale un beso de mi parte cuando la veas.
- Eso quisiera yo, Sergio. Jajá.
- ¡Ay, pillín! Ja,ja,ja.
- Bueno; y ¿qué es lo que te ha hecho estar tan especialmente bien como para meterte entre pecho y espalda doscientos kilómetros? Y, ¿cómo sabías que iba a estar a estas horas en consulta?
- Me arriesgué. Como te dije, mi trabajo me deja mucho tiempo libre.
- Sí, claro, la verdad es que eso de ser buscador compulsivo de la paz, no debe ser muy estresante.
- No te cachondees, Gerardo.
- No, no me cachondeo; pero reconoce que tu oficio tiene un trasteo. ¿Y si no hubiese estado?
- Te habría llamado. Aunque prefería contártelo a la cara.
- Contarme, ¿el qué?
- La razón por la que me encuentro tan bien hoy.
- ¿Y no podrías haber esperado al sábado?
- No.
- ¿Por?
- Porque si algo hermoso, maravilloso, irreflexivo te ocurre y no lo cuentas a alguien; si no lo compartes……. entonces ……., es como si no hubiese pasado. Y se borra; se va sin dejar huella. Pierdes ese momento para siempre.
- ¿Y qué es eso tan especial?
- Hoy he hablado con mi nuevo amor.
- ¡No jodas!, yo hablo cada día tres o cuatro veces, según disponibilidad de laboratorio.
- Entonces lo entenderás.
- Y ¿qué te ha dicho?
- No es lo que dice; es cómo lo dice.
- No te entiendo.
- Es ……….. su voz.
- ¡¡¡Ah!!! ¿Qué le pasa…? ¿Es tan hermosa?
- No.
- ¿Entonces?
- Verás. Ella tiene una voz llena de millones de registros. Cada sentimiento que surge de ella, de su piel, de cada acción, de cada emoción o pensamiento; tiene un registro distinto. Su voz es capaz de interpretar todos los palos del flamenco. No hay otra igual.
- No te entiendo del todo.
- Verás. …. Hoy; por ejemplo, estaba cabreada.
- Bien; ¿y?
- Cuando está cabreada es .. como un tango.
- Tango….. es argentino.
- No. Tango flamenco. ¿Entiendes de flamenco?
- Ni puta idea, tío.
- Es parecido a una habanera. Es una composición de tiempo 2 x 4 y movimiento más vivo, que aumenta al final.
- Vale; tocado y hundido.
- Cuando ella habla enfadada, es como La Perla de Cádiz cantando “los tangos del dinero”. Te la pasaré para que la escuches.
- Vale. Pero no lo entiendo muy bien.
- Bien, pues imagínate la coreografía de una tango flamenco.
- ¿Cómo es?
- Es una danza de movimientos desenfrenados. Una danza de la gente libertina. Los movimientos de cabeza, pies, hombros y de todas las partes del cuerpo son en “alto grado inconvenientes”. Los danzantes se aproximan el uno al oto, se tocan, se abrazan de un modo tan descarado que no cabe duda de que se trata de una imitación a la danza de las sacerdotisas que rendían culto en las bacanales a Baco. ¿Lo vas entendiendo?
- Ahora sí. Perfectamente. Pero acabo de recordar una cosa.
- ¿El qué?
- Que tango es también una fiesta.
- ¿Sí? No lo sabía.
- Sí. Es una de las cinco fiestas populares en Japón. Se celebra el día quinto del quinto mes.
- Interesante.
- Es una fiesta de los niños. En las esquinas de las casas, se planta en el suelo un palo en cuya cima se balancean inmensas carpas hechas de papel o de tela.
- Y ¿para qué?
- Para significar que, así como este pez remonta las corrientes más fuertes, el niño vencerá todos los obstáculos del mundo.
- ¡Increíble!
- ¿Por?
- Porque acabas de expresar exactamente lo que es su voz cuando se cabrea.
- Lo sé.
- ¿Y eso?
- Yo, suelo tener esa sensación cada día tres o cuatro veces, según disponibilidad de laboratorio.

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