Diario de un mendrugo. (Diario alternativo a Trastorno de identidad disociativo. Caso 1). Capítulo 22
Trastorno de Identidad Disociativo. Caso 1.13.
Visita no deseada. Despacho profesional.
Día 5 de mayo de 2.006. A las 14:30 p.m.
- ¿Quién coño puede ser ahora? Joder, estoy muerto de hambre. Ya no respetan ni el potaje. ¡Candi!
- Sí, soy yo, Gerardo. ¿Te sorprende?
- La verdad es que un poco sí. ¿Por qué no has utilizado tus llaves?
- No sé si debo, o si quiero, no se nada y eso me confunde.
- No te entiendo. ¿Qué me quieres decir?
- Que tenemos que hablar ¿no crees?
- Si tú lo dices…… Pero este no es el lugar ni tampoco el momento.
- Yo creo que sí. Voy a ser clara, voy a ir directamente al grano sin dar vueltas ni rodeos. La línea recta es el camino más rápido para llegar a un retorcido como tú ¿verdad?
- Sí, pero….
- Pero nada, ya estoy un poca cansada de esta situación; me está haciendo daño verte así, la poca comunicación, el nombre de Rosa entre sueños con cara de satisfacción, de orgasmo. Creo que me merezco una explicación de todo ello, incluso te has quitado la barba con la que llevas más años que conmigo. No puedo más, esta situación me está destrozando. Me superan los personajes. ¿Es que no me ves como estoy? ¿Ya no te interesas por mí?
- No digas eso, mujer, claro que me importas; sabes que eres una de las personas más importantes de mi vida. ¿Acaso lo dudas?
- Eres un cínico. ¿No te da vergüenza?
- Por definición los cínicos mentimos con desvergüenza.
- Hijo de puta.
- Ya vale, ¿no?
- No, no vale. ¿Crees que soy idiota? Llevo once meses detrás de ti y no te has dado ni puta cuenta; y llevo cinco meses hurgando en tu engaño y no te has coscado de nada. Eres gilipollas, el más grande de los gilipollas.
- ¿De qué coño estás hablando ahora?
- De lo patético que eres.
- Gracias, amada esposa; veo lo mucho que me admiras, que me amas, que infundo en ti aún sentimientos vehementes.
- ¿Vehementes? Me das pena, me dueles, me produces tristeza. Antes me divertía contigo. Supongo que al igual que la tipa esa.
- Un respeto a “la tipa esa” ¿vale?
- Un respeto. ¿También le has dicho que será la madre de tus hijos?
- No, no le gustan los niños. ¿Qué es eso de que llevas once meses detrás de mí?
- Desde el mes de junio del año pasado; yo no hablo de lunas y de atardeceres como tú y tu amigo.
- ¿Mi amigo? Me parece que has intimado tú más con él que él conmigo.
- Ese es otro incompetente. Ya no me fío de nada ni de nadie. Eres un embaucador del copón. Supongo que él también ha sucumbido a tu verborrea. He decidido descubrirlo todo por mi cuenta.
- Descubrir ¿el qué?
- Los cuernos que me estás poniendo desde hace un año.
- ¿De qué coño estás hablando de hace un año? Pensaba que el Sergio ese y tú estabais liados. Pero la verdad es que me da igual. Eres mayorcita para hacer lo que quieras. Ojos que no ven…….
- Yo, hasta hoy, no te he sido infiel en los dieciocho años que llevamos juntos. Aunque a partir de ahora me voy plantear la vida de otra forma. Me voy a dar un baño de hombres o de lo que me de la gana.
- Haz lo que creas que debas hacer.
- Eso te gustaría, para tener la vía libre. No. Yo sé esperar. No me conoces, Gerardo.
- Mira, no sé de qué vas, pero, claro, para variar hay que joder el almuerzo de los viernes.
- No te preocupes, que ya no te joderé ni uno más. No me vuelvas a amenazar. Me haces gracia. Ya no te funcionan tus amenazas. Ahora mando yo. Todo lo sé yo y pronto lo sabrán las personas que han de saberlo.
- ¿El qué sabes?
- Sé que te llevas acostando con Rosa, aquí mismo, en la consulta, un año.
- Jaja. Eso sí ha tenido gracia.
- Mira, lo sé todo, hasta el perfume que usa. Por cierto, un poco hortera y demasiado fuerte. ¿Tan mal huele para tener que enmascarar su sudor en ese perfume cateto y barato?
- Jajaja.
- Sí, ríete, pero el Eu de Roschas está más pasado de moda que José Luís Perales. Sólo lo usan las pestosas que no se lavan.
- Me parto, Candi; sigue.
- ¿Sí? Tengo más datos. Te seguí hasta Granada el otro día, cuando quedasteis para almorzar.
- ¿Tú? Pero si te acojona conducir.
- Me llevó una amiga.
- Ya. ¿Y donde nos vistes? ¿Dónde comimos?
- En Alexis Viernes. ¿Te digo el menú?
- Sí, por favor. Puede ser divertido.
- Comisteis una enorme ensalada española. A ti no te gusta, pero, por hacerte el sano, la pediste. Ella realmente la necesita. Está tremenda y no va a entrar en el bikini.
- Sigue. Vas bien. ¿Y de segundo?
- ¿De qué coño te ríes?
- De que odia la ensalada.
- Pues se la hincó entera y después berenjenas fritas con miel. Patético. Nunca has soportado la miel. Te he preparado cien veces leche con miel para tus putos subidones de anginas y siempre la has despreciado. Ese día te la devorabas como si fuese solomillo de ternera. Después os fuisteis de teterías. Ya no tienes edad, hijo. Te sobra edad para tirarte por los suelos a tomar te. Que, además, te sienta fatal. Pero, claro, después viniste diciendo que te dolía la espalda, que tenías ardores y que la reunión con la trabajadora social había sido un coñazo. Yo hice que me lo tragaba. Imbécil.
- Eres genial, Candi. Ha sido un buen intento.
- Mira, maricón. Esto no se ha acabado todavía. Esto no ha hecho más que empezar. Te odio con toda mi alma. Pero quiero que sepas una cosa.
- ¿El qué?
- Que me voy a vengar. Te voy a devolver todo el dolor que he sentido durante este año, corregido y aumentado. Va a ser como a ti te gusta, con violencia, sin pasión, fríamente; va a ser realmente bueno.
- Se te va la olla.
- ¿A mí? A mí no, cielo. A ti se te va a ir la cabeza. Te lo juro. Vas a sufrir tanto que no pararé aunque supliques ¡basta! Toda mi vida a sido perder a quien quería y verme despreciada por quien he amado. Lo he pasado muy mal en esta vida, salvo algunos años contigo en que pensé que la vida podría ser otra cosa. Eres un cabrón embustero y lo vas a pagar. Vas a pagar todo el daño que he sufrido. Mi dolor será como un pellizco comparado con como voy a fracturar cada resquicio de la poca vida que te va a quedar. Suplicarás morir. Querrás morirte cada mañana. Maldecirás no tener cojones para quitarte la vida. Porque lo tuyo no será vida, será una lenta agonía, muy lenta y muy dolorosa.
- ¿Sí? Y, ¿cómo lo harás?
- Conociéndote como te conozco, no pienso decírtelo. Eres un puto paranoico y me pienso basar en ello. Nunca sabrás ni cuándo, ni dónde, ni de qué manera lo haré, pero mi odio te perseguirá; sentirás su aliento detrás de la nuca. Cada vez que dobles una esquina, ahí puede estar mi venganza, ese puede ser tu final. Cada llamada de teléfono puede significar tu muerte en vida. Seré tu pesadilla, sentirás que rastreo tu sangre. Siempre sabrás que puede ser tu último segundo de gloria y cada día tú sólo te iras autodestruyendo. No voy a dejarte hasta verte hundido en el puto fango, donde te mereces estar. No hay lugar en el mundo donde puedas escapar de mi venganza. Te lo juro. Vas a desear no haber nacido.
- Estoy preparado.
- ¿Sí? ¿También estás preparado para la otra parte?
- No se vayan todavía. Aun hay más.
- Ríete, irónico hijo de puta. Quien ríe el último……
- Pero ¿de qué cojones está hablando?
- Mi venganza no va a descansar en ti.
- Eso me alivia.
- ¿Seguro? Mira, tú tienes bien merecido mi desprecio y el dolor que te guarda tu destino, pero que sepas que ella también lo va a pagar bien caro.
- No te pases, o no respondo.
- ¡Ah! Lo siento, hija, no haberte metido donde no te llaman. Las putas como ella deben de acabar donde se merecen y allí será donde la llevará mi venganza. Ella tampoco tiene ovarios para quitarse la vida. Será divertido enviarle recaditos. Su vida acaba de terminar en este mismo instante; su carrera profesional muerta como la mía. Su vida sentimental rota como la mía, su vida familiar destrozada como la mía, su vida social destruida como la mía, y su corazón y su existencia un purgatorio. ¿Cuántos amaneceres lamentará haber nacido? Jaja. Va a ser genial. Díselo de mi parte.
- Candi, te suplico que pares.
- En esta ocasión no hay posibilidad de marcha atrás, Gerardo. No puedo olvidar ni rehacer mi vida. Hombres, qué asco. Es imposible renacer. Cuando se ha amado tanto como yo te he amado, es imposible olvidar y retomar la vida. Sólo queda vengarme. De ti y de ésa; no porque me importe una mierda la zorra, porque me importa un cipote, sino porque a lo mejor hasta te importa a ti; y todo lo que es importante para ti, lo voy a destruir. A mí ya no me importa nada, pienso perder los papeles porque sin ti la vida para mí no tiene importancia ni sentido.
- Por favor, para.
- No. Ahora dedicaré toda mi miserable existencia a desmontarlo todo. Diré tantas cosas de ti, falsas y ciertas, que no podrás soportarlo. Todo el mundo pensará de ti que tu vida ha sido una mentira. Dejarás de ser auténtico porque eres un puto falso. ¡Échale huevos!
- Vale. Tú ganas. ¿Qué quieres que haga?
- ¿Tú me amas?
- Yo… te quiero.
- No te he preguntado eso. ¿Me amas?
- Te quiero. Lo siento.
- No digas que lo sientes; eso no vale. Tú lo has permitido. Duele ¿sabes? Te has enamorado de otra persona. Yo ya no puedo ser tu mujer y no te quiero como marido. Pero voy a destruiros a los dos.
- La dejaré si quieres, pero no le hagas daño. A ella no.
- De acuerdo. Mira, lo haré por los dieciocho años. Llámala. Cítala. No quiero volver a ver su nombre en la agenda. Lárgala de tu vida, pero mañana mismo. Y empieza a reconquistarme. Vuelve a ser el marqués que fuiste. Pero ya. Y, aún así, no pienso garantizarte nada.
- De acuerdo. Así lo haré; pero júrame que no le harás daño. Ella no tiene la culpa.
- Veo que la quieres de verdad. Como un día me quisiste a mí.
- No lo sabes bien. Si lo supieras no actuarías así.
- Hijo mío, en el amor y en la guerra vale todo; y ésta es la guerra del amor; así que vale todo por duplicado.
- De acuerdo.
- Te espero en casa. No falles… nunca más.

The Apprentice
tam dijo
me he imaginado este dialogo en un teatro...
una tragedia. clasico. gerardo....
no conocia esta parte del libro.
27 Enero 2007 | 05:18 PM