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La Coctelera

nadavabien

Mendrugo: Pedazo de pan duro o desechado, y especialmente el sobrante que se suele dar a los mendigos. Hombre rudo, tonto, zoquete.

30 Enero 2007

Diario de un mendrugo. (Diario alternativo a Trastorno de Identidad Disociativo. Caso 1). Capítulo 24.

Trastorno de identidad disociativo. Caso 1.14.
La visita más deseada y que nunca tuvo que ocurrir.
Despacho profesional.
Día 6 de mayo de 2.006. A las 14:30 p.m.
- Buenos días.
- Buenos días, Rosa.
- ¿Tengo que esperar mucho?
- No, solo un minuto.
- ¡Ah! Vale, genial.

Un minuto más tarde.

- Pasa, Rosa.
- Qué rapidez. Siempre me haces esperar un rato.
- Pues ya lo ves, hoy puntual.
- Qué ordenada tienes la mesa del despacho. Eso no es normal en ti. ¿Estás bien?
- Sí, muy bien. Siéntate.
- Hoy no me vayas a tumbar en la vaca ¿vale?
- No. Hoy tenemos otras cosas de las que hablar.
- Gracias.
- ¿Cómo estás?
- Supongo que mejor. La cabeza me duele menos, pero ahora me duelen el estómago y las muñecas.
- ¿Comes?
- Sí. ¿Sí?
- No comes.
- No me regañes.
- Yo nunca te regaño.
- Estás histérico. ¿Qué te pasa?
- Nada, nada. ¿Has hecho los ejercicios?
- Um…….. un poquillo.
- O sea,….. no.
- Te prometo que esta semana los hago.
- De acuerdo….
- ¡Uy, qué raro estás hoy! Ni te cabreas.
- Ya no me voy a cabrear nunca más.
- Vale.
- ¿Cómo va todo?
- Bien; en el laboratorio como siempre, ya sabes: la Bego y el Juanma con sus rarezas, el Luismi intentando sobrevivir a su bola, unos pocos trepas y la Anita y yo, a verlas venir. ¡Puf! Gerardo. No me van a dar la post-doctoral.
- Que sí, mujer. Que tú vales mucho.
- Soy una piltrafilla.
- Anda, calla, que te encanta que te regale los oídos. ¿Y el bellezón? ¿Cómo lo lleva?
- Ahora está bien. Ha ligado con un compi de biológicas. Víctor.
- No jodas.
- Sí, pero ya la conoces. Si no la llama se raya; y si la llama, repasa cada palabra de la conversación hasta rayarse.
- Es un punto. ¿Y Roberto?
- Bien, de viaje. Esta semana está por Valencia. El pobre….. trabaja más. Pero ya llega el viernes. No me gusta estar sola. ¿Por qué me preguntas todas estas cosas? Estás tú muy rarito.
- ¿Yo? Hombre, si no me haces los ejercicios y no quieres diván, de algo hay que hablar.
- ¡Ay, peliculero, que te conozco! A ti te pasa algo. Jaja. Me parto; estás nervioso.
- Y tú tienes el histrión por todo lo alto.
- No me digas eso. Yo no soy ninguna histriónica.
- Pues deja de poner la cabeza en la mesa y de echarte hacia atrás en la silla, que uno no es de piedra.
- Uy, perdón.
- Por nada.

(Silencio.)

- No, no fumes. No me hagas respirar sustancias cancerígenas.
- Sólo uno, Rosa; es que es lo único que me calma.
- ¿Pero qué te pasa? Estás muy raro. ¿Vas a ser papá?
- No, Rosa. No es eso. Mírame.
- Te estoy mirando.
- Te quiero.
- Y yo.
- Pero no es eso, Rosa. Es que…… te amo.
- ¿Me amas? Pero ¿por qué? ¿Estás bien?
- Rosa.
- Dime, Gerardo. ¿Estás hablando en serio?
- Sí; nunca he hablado tan en serio.
- Me parece muy fuerte.
- Te lo he dicho hasta por e-mail.
- No lo abro hasta esta tarde.
- Por eso. Quería que lo escucharas de mí antes de leerlo.
- ¿Pero qué te pasa? No te estarás riendo de mí.
- ¿Tengo cara de chiste?
- No; bueno, sí. Pero ¿por qué dices que me amas?
- Supongo que todo empezó como consecuencia de tomarme mi trabajo muy en serio. Creo que desde el primer día que entraste por la puerta me sentí comprometido contigo. Pero también reconozco que desde el primer día el compromiso fue especial.
- ¿Especial por qué? Tu eres así con todo el mundo. Todo el mundo habla bien de ti.
- Especial porque yo también estudié dos años de biología y he sentido el escepticismo hacia la psicología. Tenía que demostrarte que no éramos unos canta-mañanas y que lo nuestro, a parte de una ciencia, también es un arte: el arte de acompañar en el dolor.
- Y tú lo haces muy bien.
- Cada sesión contigo era un reto especial. Una chica joven, inteligente, muy atractiva y escéptica. El que siguieras viniendo cada semana, a pesar de no tener grandes resultados, para mí era todo un orgullo. Tu entrega en cada sesión, una recompensa; tu compañía durante hora y pico, un reto para mi inteligencia y un respiro entre tanta gente seria.
- Pero, Gerardo, es que eres genial. Contigo uno se siente bien.
- Verás, Rosa, así fueron pasando las semanas y así iba aumentando mi compromiso y tu entrega. Ibas entregándome cada semana más y más datos sobre ti, sobre tu cotidianeidad y sobre tu trauma y sus secuelas; y, a cada entrega, el compromiso se iba convirtiendo en complicidad; y la complicidad en camaradería; y la camaradería en atracción.
- Me estás poniendo nerviosa. Me estoy mareando.
- Lo siento, pero ahora no puedo parar. Tus risas invadían ya toda esta enorme habitación y el recuerdo de tus voces eran una sinfonía de emociones. Tus pequeñas conquistas eran para mí la victoria más celebrada y tus grandes retrocesos, las más dolorosas derrotas.
- Pero ¿tanto me quieres?
- Llegaste a confiar tanto que contaste cosas que hasta sonrojan al recordarlas. Celebraste la muerte de tu padre como mi padre la de Franco; y la muerte de tu abuelo, la lloraste tanto….
- Eres mi psicólogo. A ti no te puedo mentir.
- Y cada vez que algo de eso pasaba, siempre te acordabas de Gerardito; para lo bueno y para lo malo. Llamabas por teléfono para reír y para llorar; y cuando te cabreabas porque siempre llego diez minutos tarde, sólo un mensaje que decía: “te espero”.
- Dios, qué fuerte.
- Cada día eras menos una cliente y más Rosa. Me encantaba que vinieras, me encantaba compartir un rato contigo. Me encantaba que mejoraras y me aterraba que no vinieras más algún día.
- ¿Estás hablando en serio? No, por favor, no sigas.
- Nunca he hablado tan en serio. Recuerdo el diez de junio. Esa mañana, de repente y tras llorar un poco, no había pasado nada nuevo; ni mejorías ni retrocesos. Estábamos en vía muerta y no parecía importarnos ni a ti ni a mí. Simplemente charlábamos de otras cosas. Ese día el compromiso se convirtió en amor.
- Pero, Gerardo, pronto hará un año de eso. ¿Por qué no me has dicho nada?
- Desde ese día en que, no sé por qué, imaginé mi vida contigo, no has salido de mí ni un sólo segundo. Sé que no puede ser y que quizá nunca será, pero lo que siento por ti es un amor diferente; es un compromiso vital, pues nació del compromiso.
- Gerardo, calla, por favor, me estoy mareando.
- Por eso sé que estaré contigo, a tu vera, toda la vida; aunque nunca pueda besarte ni tocar el cuerpo que más he deseado en mis largos 38 años. Se que te amaré siempre, porque lo que siento por ti es más que amor: es compromiso, complicidad, camaradería. Es mi religión.
- Dios. Pero ¿tanto me quieres? ¿Por que no me lo has dicho antes?
- ¿Es que no lo sabías?
- No, ni idea. Yo no me merezco que me quiera alguien así y menos alguien como tú. Yo soy ….. . una inútil.
- No digas eso. Te quiero.
- Pero, Gerardo, yo también te quiero………. Pero no así.
- ¿No?. . que estúpido soy. Debería haberlo sabido.
- Es que me pierdo.
- Rosa, no me digas que no te has dado cuenta.
- Cuenta ¿de qué?
- No suelo enviarle mi vida cotidiana a la gente por correo.
- Al principio pensé que era sólo algo para que no me sintiera sola y mal. Para alegrarme el día. Y era genial, siempre consigues que me sienta bien. Me gustaba más que los días de lluvia.
- Rosa, si a cada persona que viene a mi casa sintiéndose mal le escribiera algo, ¿no te parece que sería columnista en el País? Además, he encargado una borrasca para que se sitúe cada tarde sobre tu ventana y te moje la cara, sólo porque sé que te gusta.
- ¿Ves como eres un loco peliculero? Me encantan tus locuras. Haces que parezcan creíbles. Bueno, pero después dejaste que lo leyera el bellezón y otros amigos tuyos. Hasta abriste blog en la coctelera.
- Sí; pero sabes que estaba escrito para ti. ¿Y los cafés en Van-Gogh? ¿Y el abrazo?
- Gerardo, yo suelo tomar café con mis amigos y tú eres, además de mi psicólogo, uno de mis mejores amigos. No dirás que aquí sólo hablamos de psicología.
- ¡Ah! Pero… y ¿el abrazo?
- Creí que formaba parte de la terapia. Siempre lo he visto en la tele; eso de absorber el dolor del paciente, de quedarse con parte de su trauma.
- Rosa, nunca he abrazado a un paciente femenino de 25 años. No sé, se puede mal interpretar.
- Pero pensaba que era tu trabajo. Pensaba que sentías pena y asco de abrazar a alguien como yo, pero que era tu trabajo. Me hiciste sentir menos repugnante.
- Me sentí el hombre más afortunado del mundo entre tus brazos.
- Gerardo, no digas eso.
- Es la verdad. Quiero vivir a tu lado.
- Gerardo. Pero si yo estoy bien con Roberto.
- Entonces…… ¿no me amas?
- No, lo siento. De verdad. Te quiero mucho; pero amo a Roberto. De hecho, iba a decirte que nos casamos el año que viene, en septiembre.
- Ah, qué bien.
- Perdona, Gerardo, te hago daño ¿verdad?
- No, qué va, si me sé tu vida sexual completa.
- Pero eso, te hace daño.
- No. Simplemente me hace sentir un mendrugo. En fin. Soy gilipollas al pensar que alguien como tú podría amarme.
- Soy yo la que no me puedo creer que alguien como tú me ame.
- Anda, vete.
- Noooo. No quiero que te quedes así. No estás bien.
- No te preocupes. A mí se me pasa en seguida.
- Pero….. te pierdo.
- No, Rosa; no me pierdes. Te repito que este amor, aunque sólo vaya en una dirección, es lo más grande que he sentido.
- ¿Volveré a verte?
- Claro, cuando quieras. Solo tienes que llamar.
- ¿Estás bien?
- Sí, Rosa, viviré con la esperanza de que Roberto muera un año antes que yo.
- Eres genial.
- Anda, vete.
- Adiós.
- Adiós. Dale un abrazo a Roberto de mi parte y la enhorabuena.

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BLANCA

BLANCA dijo

SI ESTE CAPITULO SE DIRIGIERA A MI SERIA LA MUJER MAS AFORTUNADA DEL MUNDO

25 Junio 2008 | 08:39 PM

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Sobre mí

RelojesWebEspana!
Gustavo Cabrera Coronas, de padre Médico – Militar y madre Doctora en Filosofía y Letras. Nace en Melilla en 1.967, siendo el tercero de siete hermanos. Inicia sus estudios en los Hermanos Maristas de Granada pasando, posteriormente, a la Facultad de Psicología, terminando en 1.992 y donde conoce a la que es su pilar más inquebrantable: MARIBEL. Recuerda desde los cinco años sus paradas en el “TAXI” y en el “QUINTANA” – bares de su LOJA – para que su hermana MARTA evacuara, mientras la familia daba cuenta de los tejeringos y el café; de ahí que en 1.995 se estableciese en esta localidad y pusiese su clínica especializada en Psicología Clínica e Infantil junto a su esposa. Para Gustavo es esta su primera andadura literaria; no así para el resto de la familia donde destaca el menor de los hermanos, ALVARO, el cual ya ha recibido relevantes premios literarios. Esperamos que él le ande a la zaga y que les guste este relato. JMFCR
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