Nada va bien: prefacio de un problema. I
Las cinco de la madrugada. Como cada miércoles Vértigo se dirigía desde
Volvió a intentar conectarse tras el consabido error en el nombre de usuario y contraseña. De nuevo el mensaje de error. Cuidadosamente, sin apartar la mirada del teclado pulsó una a una las letras que le distanciaban de su pecado. Tampoco. Comenzó a invadirle una opresión en el pecho y su respiración comenzó a ser jadeante. ¿Qué coño estaba pasando?; ¿por qué esto nunca funciona?. Lo intentó durante cerca de media hora. Reinició el ordenador. Encendió otro pitillo. Revisó los parámetros de la configuración…. Lo intentó de nuevo. Tragó saliva, puso el café….volvió a sentarse. Eran las seis y diez de la madrugada. Valquiria se habría acostado tras mandarle un e-mail que mañana le hará sentirse ridículo, torpe y distanciado de ella. ¿Qué estará haciendo ahora?. No quiso darse por vencido y lo retó otra vez.
Desesperado descolgó el auricular y marcó el número de atención al cliente. “¡Joder con el monopolio, siempre están puteándome la vida!”. Sonaba mal; se escuchaba una conversación entre dos tíos, “¡una puta interferencia!”. Golpeó con mala leche el colgador del teléfono a ver si le daba línea. Nada. Esos dos tipos seguían hablando. Tres, cuatro, cinco golpes más y nada. “Estos dos gilipollas podían callarse de una vez; pero; ¿de qué coño hablan a las seis y veinticinco de la madrugada?”.
Sin pensar en nada se puso a intentar hablar con ellos; a maldecirlos en arameo y a pedirles por dios que se callasen. Nada que hacer, seguían en lo suyo, ninguneándole. Empezó a reír. Estaba haciendo el capullo. En lugar de estar durmiendo contra el culo y la espalda de su señora, estaba realmente cabreado con dos tíos que no conocía de nada y que hablaban de algo que no entendía, a las siete menos cuarto de la mañana, mientras intentaba tener un idilio cibernético.
Vértigo siempre había tenido un ramalazo de portera y por eso decidió escuchar la conversación; además, qué otra cosa podía hacer; Valquiria dormía, era demasiado temprano para trabajar y demasiado tarde para dormir.
-¡Que te he dicho que lo quiero fuera, ya!.
-Va a ser muy precipitado.
-Que lo quiero oír dentro de tres horas en el informativo, ¿entiendes?.
-¡Joder; no seas tan radical!
-¡No sabes lo radical que puedo llegar a ser!, ¡que ni ese ni nadie me va a tocar a mi las pelotas. Que no me va a joder nadie. Que aquí estamos en lo que estamos que si hay que pasar por encima hay que pasar!.
-Déjame un par de días.
-¡que tiene que ser hoy!, tu verás: o el cabrón ese o tú.
-¡no me jodas!
-¡no me jodas tu!
De repente la línea quedó libre. Vértigo se conectó inmediatamente y buscó a Valquiria en la sala acordada. No estaba. Preguntó por ella a amigos comunes y le dijeron que ya se había caído. Se despidió de ellos, apagó el penúltimo ducados del paquete, extendió su manta de canarios sobre suelo y durmió.

The Apprentice
jofedecor dijo
Me alegra que hallas comenzado esta nueva andadura musical (estoy seguro que a los personajes les gusta un determinado tipo de musica mas que otra).
Intuyo que mas o menos los personajes de tu obra se van a mover por los mismas callejuelas y antros que los anteriores por lo que no estaria mal definir esas bucolicas calles, paseos, puentes.... antes de entrar al saco directamente; tampoco vendrian mal definir a los personajes son cojos, tuertos, rubios, de 40 años, con estrecheces economicas, sados, masturbadores de sueños.....
Sabes que como en las telenovelas ya no podre apartarme del ordenata hastaq que termine; por tanto, te invito a que este año no tomes vacaciones y continues con continuidad meridiana esta serie de nuevos capitulos.
!Adelante, hombre del seiscientos, la carretera nacional es tuya.!
29 Junio 2007 | 10:30 AM